Un plato contundente: la choucroute
Sin conocer mucho la gastronomía alemana, cualquiera mínimamente viajado y leído la identifica con varios productos emblemáticos. Posiblemente en primer lugar se encuentran las cervezas de todos los colores y texturas imaginables, de hecho algunas te pueden alimentar y llenar el estómago tanto o más que un filete.

Foto: wikipedia
En segundo lugar, se encontrarían las salchichas. Hoy en día ya no sólo hablamos de salchichas de Frankfurt, ya que en cualquiera de nuestros hipermercados tenemos Bratswurt, Erbswurst o Weisswurst. Pero cuando realmente te das cuenta de la enorme variedad de salchichas alemanas y de la pasión con la que las devoran en aquel país, es cuando por curiosidad te metes en una charcutería mínimamente surtida de cualquier ciudad o pueblo.
Otro plato emblemático es el codillo, una auténtica delicia, generalmente acompañado de las inevitables kartoffen, las patatas, que terminan de hacer “más ligero” el bocado.
Y por último, otro plato insignia de la gastronomía germánica, y también de ciertas zonas de Francia y Polonia, es la choucroute. ¿Qué es la choucroute? Ni más, ni menos, que col agria, col cortada en tiras finas y fermentada en salmuera. ¿Suena mal? Sólo en apariencia. En realidad, para los que les (nos) gustan los platos suculentos, comerse una choucroute es todo un festival, y más si se pide la variedad choucroute garnie (la de la foto), que es un plato contundente y no apto para estómagos débiles, ya que a la col se le añaden gran variedad de tipos de salchichas y carne. Si eso ya lo riegas con cerveza, como os podéis imaginar, la sensación de plenitud al acabar es absoluta. Recomendación: no lo pidáis gente de estómago delicado, ni la toméis para cenar, ni tampoco en un día en que arrecie el calor, porque si no la tarde se os hará bastante larga.
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